La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Ciudad Real concluye este jueves las sesiones del juicio por la desaparición y muerte de los empresarios Jesús María González Borrajo y Juan Miguel Isla. Bajo la presidencia del magistrado José María Tapia, el jurado popular recibe el objeto del veredicto tras la presentación de las conclusiones finales de las partes. El caso queda así visto para sentencia.
En el banquillo de los acusados, Antonio Caba Vázquez, afronta una petición de la Fiscalía de 46 años de cárcel como presunto autor material de dos delitos de asesinato en concurso medial con robo con violencia. A su lado se sienta Gaspar Rivera Escuderos, para quien el Ministerio Público solicita 19 años de prisión al aplicar la atenuante de confesión. Junto a ellos comparecen también A.F.M. y J.C.S.-L.F., dos amigos de Caba a quienes las acusaciones particulares atribuyen un delito de encubrimiento, respecto al cual la Fiscalía solicitó el sobreseimiento.
El móvil económico actúa como eje central de la tesis acusatoria. Caba acumulaba deudas superiores a 150.000 euros con diversos allegados. La primera víctima, Jesús María González Borrajo, empresario vitoriano de 54 años dedicado al negocio de las máquinas tragaperras, desapareció el 19 de junio de 2019 tras acudir a una cita con Caba para cerrar la venta de un vehículo a A.F.M. por 14.000 euros y reclamar préstamos pendientes. Tres años después, el 22 de julio de 2022, se perdió la pista de Juan Miguel Isla, de 58 años, tras percibir 50.000 euros en metálico por la transacción de la finca Monte Milla, gestión inmobiliaria de 1,3 millones de euros intermediada por Caba con unos compradores de La Solana.
El trabajo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil resultó determinante para el esclarecimiento de los hechos. El cadáver de Isla apareció en marzo de 2023 en un pozo situado en una finca de Valdepeñas adquirida por Caba días antes de la desaparición y que puso a nombre de J.C.S-L.F.
Meses más tarde, en junio de 2023, la confesión voluntaria de Rivera ante la Fiscalía permitió el hallazgo de los restos óseos del primer empresario desaparecido, González Borrajo, en un sondeo agrícola de 80 metros de profundidad en una finca situada entre Manzanares y Llanos, próxima a la Venta del Tizón.
Durante la vista oral, los mandos de la UCO calificaron a Caba como “un psicópata de manual” y “un asesino serial”. Asimismo, expusieron las grabaciones ambientales captadas en el vehículo del acusado, en las cuales se escuchan monólogos internos que denotan la inquietud de Caba ante la presión policial.
La vista, en la que diferentes testimonios relataron la buena relación que Caba tenía con miembros de la Guardia Civil de Manzanares, también incluyó testimonios de los allegados de las víctimas. Miguel González Borrajo, hermano de Jesús, expresó ante el tribunal su dolor ante la pérdida y agradeció la confesión de Rivera. Nardy Molina, pareja de Isla, relató su coincidencia con Caba en el cuartel al día siguiente de los hechos, instante en el cual oyó a una agente manifestar su extrañeza ante la coincidencia del investigado. Asimismo, Francisco Isla, hermano del difunto, reveló que Caba le regaló una pistola tras la desaparición de Juan Miguel.
En el ámbito pericial, los médicos forenses Elena Baena y Ramón Antequera descartaron disparos en el cuerpo de Isla y señalaron un traumatismo nasal severo junto a una posible herida por arma blanca, al tiempo que confirmaron la imposibilidad de precisar la causa exacta en González Borrajo debido a la extrema degradación ósea.
La fase final del juicio acogió la declaración de los procesados este miércoles. Antonio Caba rompió su silencio de más de tres años y contestó únicamente a las preguntas de su abogado. En su intervención, Caba aseguró que otras personas mataron a ambas víctimas: a Isla en la finca ‘La Mejorada’ que el empresario tenía en la salida de Manzanares hacia Valdepeñas, y a González Borrajo de forma “accidental” tras una golpearse en un forcejeo con otra persona corpulenta en la nave de Caba en la calle Goya, donde ocultaron el cuerpo en una cámara frigorífica.
En este caso, acusó a Rivera de, dos días después, descuartizar el cadáver congelado de González Borrajo y de la apropiación del dinero de Isla. El acusado, que negó apuros financieros esos años, dijo sentir mucho lo ocurrido y afirmó que su papel se limitó al encubrimiento. “Me siento traicionado, quizá me lo merezco”, añadió Caba.
Por su parte, Gaspar Rivera declaró entre lágrimas ante su defensa. Pidió perdón a las familias y a sus cuatro hijos, se definió como una persona “manipulada” y “amenazada” por Caba -que siempre llevaba una pistola en el coche- y negó la autoría directa de las muertes. Describió el hallazgo de los cuerpos ensangrentados y su apoyo en el traslado del coche de Isla a Albacete, la quema del torso de González Borrajo en una chimenea en una casa de campo y la desaparición de su móvil, y el arrojo de los restos en los pozos. La Policía Judicial puntualizó que la versión de Rivera contiene contradicciones en sus márgenes horarios.
Finalmente, A.F.M. alegó que compró el vehículo de Borrajo con plena confianza en Caba, a quien prestó cuantiosas sumas de dinero sin sospechar del crimen. A su vez, J.C.S.-L.F. admitió falsedades iniciales por amistad y sostuvo que aceptó la titularidad de la finca de Valdepeñas para evitar embargos al principal investigado, con el que había mantenido una sociedad entre 2012 y 2014.
En la sesión de conclusiones de este jueves, el Ministerio Fiscal ha calificado la declaración de Caba como “una película de clase C”, en la que no incluyó elementos de peso ni datos. Además, según el Fiscal, el acusado insinuó como posibles autores de las muertes a A.F.M y al hermano de Isla, respectivamente. “Una insinuación, no vale”, reprochó.
Con el cierre de los alegatos de las partes, el jurado popular iniciará el lunes sus deliberaciones antes de la emisión del veredicto final.